En Alemania, un portavoz del gobierno señaló que la guerra con Irán "no tiene nada que ver con la OTAN", mientras que el ministro de Defensa, Boris Pistorius, expresó desdén ante la idea de que las modestas armadas europeas pudieran marcar la diferencia.
Durante sus dos mandatos, el presidente estadounidense Donald Trump no ha dudado en criticar -e incluso atacar- a los aliados de Washington en la Alianza del Atlántico Norte (OTAN).
Pero su última sugerencia -que no asegurar el estrecho de Ormuz sería "muy malo para el futuro de la OTAN"- implica una interpretación del propósito de la alianza que ya ha causado revuelo.
"La OTAN se creó como una alianza defensiva", declaró a la BBC el general Nick Carter, exjefe del Estado Mayor de Defensa británico.
"No fue una alianza diseñada para que uno de los aliados eligiera empezar una guerra y obligara a todos los demás a seguirlo", afirmó. "No estoy seguro de que ese sea el tipo de OTAN al que cualquiera de nosotros quisiera pertenecer".
Viniendo de un presidente que hace apenas dos meses reclamaba con vehemencia Groenlandia, territorio soberano de un miembro de la OTAN, hay una buena dosis de ironía en las últimas declaraciones de Trump.
Esto quizás ayude a explicar por qué algunas respuestas han sido bastante directas.
En Alemania, un portavoz del gobierno señaló que la guerra con Irán "no tiene nada que ver con la OTAN", mientras que el ministro de Defensa, Boris Pistorius, expresó desdén ante la idea de que las modestas armadas europeas pudieran marcar la diferencia.
"¿Qué espera Trump de un puñado de fragatas europeas que la poderosa armada estadounidense no pueda lograr?", preguntó.
"Esta no es nuestra guerra. Nosotros no la hemos comenzado".
Más tarde, el propio Merz descartó la participación de su país en la guerra.
"Carecemos del mandato de las Naciones Unidas, la Unión Europea o la OTAN, exigido por la Ley Fundamental. Por lo tanto, desde el principio quedó claro que esta guerra no es asunto de la OTAN", declaró en una rueda de prensa en Berlín.
Pero nada de esto debe ocultar la urgente y creciente necesidad de encontrar una solución a la crisis del Golfo.
El bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz por parte de Irán -salvo el paso de algunos buques que transportan su propio petróleo a aliados como India y China- ha obligado a los gobiernos occidentales a buscar desesperadamente una solución.
Puede que haya sido desencadenada por la decisión de Trump de ir a la guerra, pero es una crisis que debe resolverse rápidamente, antes de que las repercusiones en la economía global empeoren.
Sin embargo, ya es evidente que no existe una solución rápida.
En su rueda de prensa del lunes, el primer ministro británico, Keir Starmer, afirmó que se estaban llevando a cabo conversaciones con Estados Unidos, Europa y aliados del Golfo para elaborar un "plan viable", pero "aún no estamos en la etapa de las decisiones".
El primer ministro británico también se refirió a los sistemas autónomos de detección de minas que, según dijo, ya se encontraban en la región.
El HMS Middleton, un buque británico de contramedidas contra minas (MCMV por sus siglas en inglés), está de regreso en el puerto inglés de Portsmouth para un mantenimiento mayor. Esta es la primera vez en décadas que ningún buque británico de desminado se encuentra en la región.
En su lugar, se espera que la Marina Real ofrezca drones marinos desarrollados recientemente, diseñados para detectar y neutralizar minas sin poner en riesgo a las tripulaciones.
Pero uno de los problemas con los que lidia Trump es que el desminado, que alguna vez fue una función esencial de casi todas las armadas, dejó de ser una prioridad hace mucho tiempo.
Tom Sharpe, excomandante de la Marina Real, afirmó que las últimas tecnologías británicas aún no fueron probadas en combate.
"Probablemente descubriremos en las próximas semanas si funcionan o no", declaró a la BBC.
El general Carter afirmó que la última vez que las naciones occidentales llevaron a cabo una operación importante de desminado en el mar fue en 1991, después de que Irak minara las aguas frente a Kuwait para impedir un desembarco anfibio en la primera Guerra del Golfo.
"Nos llevó cincuenta y un días quitar las minas", declaró a la BBC.
"Ninguna armada ha invertido en esto a la escala que debería, y menos aún la estadounidense".
Los buques de desminado especializados de la clase Avenger de la armada estadounidense, construidos con cascos de madera para evitar la activación de minas navales magnéticas, están siendo retirados de servicio y reemplazados por buques de combate de la clase Independence, que también utilizan diversos sistemas no tripulados.
Pero no se trata solo de desminado. La Guardia Revolucionaria iraní también es capaz de utilizar lanchas rápidas armadas, drones navales "suicidas" y misiles terrestres para interrumpir el tráfico marítimo.
Imágenes recientes, publicadas por la agencia de noticias iraní Fars, parecen mostrar un gran número de embarcaciones y drones almacenados en túneles subterráneos, lo que sugiere que Teherán lleva tiempo preparándose para este momento.
Trump ha insinuado que mantener abierto el estrecho de Ormuz -algo que describió como una "tarea muy pequeña"- podría implicar ataques contra la costa iraní.
Y agregó que estaba buscando "gente que vaya hasta allí a dejar fuera de combate a algunos delincuentes que andan por la costa".
Estados Unidos ya ha atacado buques minadores atracados en puertos iraníes, pero es difícil imaginar que muchos de los aliados de Washington estén dispuestos a hacer lo mismo, especialmente si esto implica el despliegue de tropas terrestres.
En un entorno tan plagado de posibles peligros, no sorprende que los países duden en involucrarse, prefiriendo, como ha hecho el gobierno británico, abogar por la desescalada como la vía más segura para desbloquear el estrecho de Ormuz.
Sin embargo, con funcionarios estadounidenses e israelíes hablando de una campaña que podría durar varias semanas más, desescalar no parece una posibilidad inmediata.
Mientras tanto, ¿podría persuadirse a los aliados para que envíen naves de escolta para buques petroleros?
"Alemania no participará con sus fuerzas armadas en la seguridad del estrecho de Ormuz", declaró Pistorius el lunes.
La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Kaja Kallas, afirmó posteriormente que existía un "claro deseo" de extender las operaciones navales europeas en Medio Oriente. Pero agregó que los ministros de Asuntos Exteriores de la UE se negaron a extender la misión naval existente en el mar Rojo. "Esta no es la guerra de Europa", añadió.
La Operación Aspides de la UE se puso en marcha en 2024 para ayudar a hacer frente a las amenazas que los rebeldes hutíes en Yemen, respaldados por Irán, representan para el transporte marítimo en el mar Rojo. Pero con tan solo tres buques de guerra, es una operación relativamente modesta.
El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, declaró que su gobierno deseaba escuchar de Israel y Estados Unidos "cuando considerarán que han alcanzado sus objetivos militares en Irán" antes de discutir nuevos acuerdos de seguridad.
De los principales aliados europeos, el presidente francés, Emmanuel Macron, es quizás el más interesado en participar, y hace una semana afirmó que estaba intentando formar una coalición para escoltar buques y garantizar la libertad de navegación.
Sin embargo, indicó que esto solo podría ocurrir una vez superada la fase más crítica del conflicto. Días después, su ministra de Defensa, Catherine Vautrin, declaró que no existían planes inmediatos para enviar buques al estrecho de Ormuz.
Sharpe señaló que una posible operación de escolta sería mucho más compleja que la Operación Aspides, con amenazas provenientes de tres frentes: aéreo, marítimo y submarino.
"A diferencia del caso de los hutíes, donde solo existía una amenaza aérea, con Irán hay tres amenazas y se busca eliminarlas antes de que sean disparadas", afirmó. "Eso no siempre es posible".
En estos momentos los aliados de Trump, algo conmocionados, dudan antes de abrir la puerta marcada como "Participación en Irán", mirándose nerviosamente entre sí, conscientes de que la inacción no es una opción.
Starmer señaló que la solución debía involucrar a "tantos socios como fuera posible", pero que el personal militar británico necesitaba garantías importantes antes de ser desplegado en una misión potencialmente peligrosa.
"Lo mínimo que merecen es saber que actúan con una base legal y un plan bien elaborado".
Tal como están las cosas, ese plan no existe.
(Imagen: Getty Images)
PURANOTICIA // BBC MUNDO