Más de 156 millones de brasileños acuden a las urnas en un escenario de empate técnico y fuerte polarización política, marcada por la batalla digital en redes sociales.
Más de 156 millones de brasileños tienen este domingo una cita definitiva con las urnas para elegir entre dos líderes y modelos que son parte de la historia reciente del país; el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, sindicalista con larga lucha durante la dictadura y Flávio Bolsonaro, hijo del militar y expresidente Jair Bolsonaro, heredero de un movimiento nostálgico de aquel régimen autoritario.
Lula llega a la segunda vuelta espoleado por las predicciones de las últimas encuestas, después del varapalo electoral que supuso su derrota en la primera ronda. El presidente brasileño parte con el desafío de remontar aquel resultado, algo que ningún candidato ha logrado en la que es la democracia más grande de la región.
La encuesta de Datafolha publicada el jueves refleja un empate técnico, con el 50% de los votos cada uno, mientras que el sondeo de la consultora Quaest sitúa a Bolsonaro con el 45% frente al 44% de Lula quien, no obstante, según la misma fuente, su alto nivel de rechazo --algo que caracteriza a ambos-- ha caído cinco puntos, hasta el 47%.
La amplia repulsa que suscitan los dos contendientes es reflejo de esa gran polarización política, que va más allá de estas elecciones. Supone una fractura identitaria y social que condiciona de forma directa el comportamiento del electorado, el desarrollo de la campaña y la futura gobernabilidad de Brasil.
Con casi la mitad del país declarando su animadversión a uno de los candidatos, el margen para sumar nuevos apoyos es prácticamente inexistente. La posibilidad de una tercera vía ha sido devorada antes de arrancar las elecciones, por lo que los indecisos, en caso de movilizarse, lo harán por quien represente el mal menor.
La polarización de la sociedad brasileña surge en gran medida de la batalla digital que se dirime en redes sociales, en las que históricamente el bolsonarismo ha sabido desplegar sus estructuras mucho mejor que la izquierda, hasta el punto de ser objeto de choque judicial en el Tribunal Superior Electoral (TSE).
Lula pidió al TSE la nulidad de la candidatura de Bolsonaro alegando un supuesto trato de favor de Meta --la matriz de Facebook e Instagram-- en lo que respecta al contenido y al algoritmo, haciendo énfasis en la permisividad que se concede a la desinformación electoral financiada por el equipo del candidato ultraderechista.
El asunto ha llevado al TSE a fijar plazos a Meta para que retire los contenidos y modifique el algoritmo para garantizar una estricta neutralidad, bajo amenaza de elevadas multas económicas diarias, y abre el debate sobre la influencia de estas grandes corporaciones en los procesos electorales y su posible regulación.
PURANOTICIA