Para nadie es un misterio que Valparaíso, Viña del Mar, Concón, Quilpué y Villa Alemana cuentan con el transporte urbano de menor calidad del país. Micros antiguas y frecuencias inestables son la tónica habitual, pero cuando llueve la realidad es aún peor: simplemente las micros desaparecen.
Esta situación ha quedado en evidencia en múltiples ocasiones en este 2026, pero nadie parece inmutarse. El fondo del asunto es que las micros del Gran Valparaíso reciben una subvención estatal por sus recorridos y, además, por contrato deben cumplir con frecuencias y horarios que, sencillamente, son ignorados por completo.
Los contratos que mantiene el Estado con estos empresarios contemplan cláusulas de multas que muy rara vez son aplicadas por la autoridad. Durante esta jornada se conoció que se realizarán descuentos por los incumplimientos detectados en los temporales de julio, por montos que alcanzan los 1.749 millones de pesos.
¿Y las multas? Una cosa es descontar el subsidio y otra muy distinta es aplicar una sanción efectiva. Más extraño aún es que recién en noviembre se estén procesando los incumplimientos de julio. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que en febrero recién se aplicará el recorte por lo sucedido esta semana?
No conocemos la aplicación de multas efectivas por parte de la autoridad, ya sea por el Seremi de Transportes o por el propio Ministerio. A pesar de que los empresarios no cumplen con lo contratado, el Estado parece hacer oídos sordos y no ejecuta las cláusulas contractuales, las cuales permiten incluso el término anticipado o la caducidad de la línea operadora si las faltas son reiteradas.
¿Acaso no son reiteradas estas faltas? La labor de fiscalización de la autoridad es tan deficiente que en la región todavía existen, por ejemplo, servicios que ni siquiera están licitados y que siguen operando mediante tratos directos sin ningún tipo de vigilancia. ¿Sabemos acaso cómo se repusieron las micros incendiadas en Marga Marga?
La sanción ejemplar que esperamos para los empresarios de la locomoción colectiva en la región de Valparaíso simplemente no llega. No basta con rebajar los subsidios; se requiere una medida mucho más firme y categórica. El problema del transporte público mella directamente la calidad de vida de nuestros habitantes.
Ninguna autoridad parece capaz de ponerle el cascabel al gato a empresarios que hacen lo que quieren en nuestras calles, circulan cuando se les antoja y no respetan absolutamente nada, comenzando por los límites de velocidad. Estamos en una tierra de nadie en el mundo de las micros, donde autoridad o Seremi que pase no logra tener la firmeza para poner atajo a una situación que va de mal en peor.